El desafío de Rapa Nui: lo que llega a la isla, se queda

De cara a lo que parece una auténtica epopeya, desde hace unos años el municipio de Rapa Nui se encuentra trabajando en el proyecto Ecokuhane, iniciativa que busca combatir los cientos de toneladas de residuos que llegan desde otras latitudes y aquellos que se generan en su propio territorio, el que sólo tiene poco más de 160 km2 para su disposición y tratamiento.

“El problema es que los habitantes no están conscientes de que están viviendo dentro de un museo. Como hay un auge económico, aportado por la industria del turismo, cada individuo está más preocupado de reunir bienes que de cuidar este espacio. Eso es lo que impera hoy y es lo que se desea cambiar con este proyecto”. afirma Pedro Edmunds Paoa, alcalde de Rapa Nui.

Lo que llega a la isla, se queda. Esta es la premisa que deben enfrentar los habitantes de la isla, quienes día a día deben convivir con las consecuencias de su aislamiento y crecimiento demográfico. Y es que este último no se trata de un problema menor, pues en 15 años su población prácticamente se ha duplicado, pasando de 2.700 a 7.750 personas. En tanto, también debe enfrentar su elevada tasa de generación de residuos, la que equivale a unas 2,5 toneladas (t) por cabeza al año, alcanzando un récord de 19.750 toneladas en total para el período.

La basura generada por sus propios habitantes no es el único problema que debe enfrentar Rapa Nui, pues también debe convivir con una constante amenaza externa. Según un estudio del Núcleo Milenio de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas (Esmoi), Rapa Nui está rodeada por un vórtice de basura arrastrada por las corrientes desde el continente, lo que provoca que trozos de plástico y microplástico lleguen a sus playas.

A este desafío se agrega la ola de turismo e inmigración del que está siendo objeto la isla, pues sólo en 2017 entraron alrededor de 220 mil personas por vía aérea.

Esto no se queda sólo allí, pues cada año unos 250 chilenos deciden quedarse para siempre en Rapa Nui. Para hacerse una idea, sólo la fiesta costumbrista de Latapi, que es considerada como la más importante de la Polinesia, logró reunir a unos 12 mil visitantes por noche durante este verano.

Si bien esto genera un importante aporte desde el punto de vista económico, es el ecosistema de la isla el que sufre principales las consecuencias. Es por este motivo que desde hace unos años, la Municipalidad de Rapa Nui se encuentra trabajando en el proyecto Ecokuhane, el que busca combatir el problema.

Esto, tras descubrir que en el territorio de la isla era imposible instalar un relleno sanitario, porque no existía la disponibilidad de suelo y tierra necesaria para realizar el proceso. “Es por este motivo que desarrollamos una estrategia para hacernos cargo de quien genera el problema, que es algo que corresponde a cada uno de nosotros y aquellos que nos visitan”, explica Ana María Gutiérrez, jefa del Área de Proyectos Medioambientales de la Municipalidad de Rapa Nui.

De esta manera, hace poco más de 10 años Rapa Nui creó un plan integral que apunta hacia el desarrollo de una economía circular. “Fuimos involucrando a la comunidad en la solución del problema. Por ejemplo, una de las primeras cosas que hicimos fue crear un programa de compostaje a nivel domiciliario. Le entregamos a las personas las herramientas necesarias para realizar el proceso y realizamos un seguimiento por un año. Apuntamos al cambio conductual”, dice Gutiérrez.

Del mismo modo, se fue avanzando en otro tipo de iniciativas. Por ejemplo, en 2013 nació la Planta de Acopio de Reciclaje de Orito. Desde entonces esta ha procesado y enviado a Chile más de 670 toneladas de latas, botellas y cartones, entre otros materiales. Estos son recibidos en el continente y tratados por empresas especializadas, quienes se encargan de la puesta en valor de estos residuos.

En definitiva, el objetivo final de la estrategia desarrollada por Rapa Nui apunta a la generación energética a partir de los materiales de desecho que generan sus propios habitantes. “Tenemos que convivir con los residuos, por lo que la clave es aprovecharlos para convertirlos en energía. Esta basura no tiene que ser algo que uno deposita y dañe el entorno, sino que se toma y genera un aporte”, manifiesta Paoa.

Esto no se queda solo allí, pues en Rapa Nui ya piensan en un proyecto que considera una escala mayor. “Desarrollamos los estudios pertinentes y no nos dan los números para abastecernos totalmente de energía a partir de los desechos, por lo que estamos estudiando una estrategia híbrida, en lo que sería una segunda etapa del proyecto. Esta consistiría en juntar paneles solares con un par de molinos de viento, quienes podrían generar entre 1 MW y 2MW, y un sistema mareomotriz. Todo ese conjunto podría garantizar en los próximos 25 años, quizá hasta el 95% de energía renovable en nuestro territorio”, explica Paoa.